miércoles, 26 de noviembre de 2025

Cómo el café IMPULSA, ALTERA y MOLDEA tu sistema nervioso | Enfoque Neurocientífico | Nazareth Castellanos

Nazareth Castellanos
FUENTE DEL VIDEO: CANAL YOU TUBE DE: NEURO CIENCIA

Cuando yo hablo de la cafeína, siempre digo algo que puede sonar un poco radical. La cafeína no te da energía, te la presta. Y cuando algo se presta, tarde o temprano hay que devolverlo. Lo interesante es que durante años yo también pensé que el café era ese empujón energético que necesitaba para empezar el día, para activar mi atención, para concentrarme. Pero cuando me sumergí en la neurociencia del café.

Cuando observé con calma qué pasa en el cerebro, descubrí que la historia es mucho más fascinante y mucho más honesta, porque sí, la cafeína nos despierta. Pero no porque nos regale energía, sino porque bloquea algo que tu cerebro produce para avisarte de que ya es hora de bajar el ritmo. Eso que bloquea se llama adenosina. Y hoy quiero explicártelo despacito para que puedas escucharlo dentro de ti la próxima vez que tomes ese primer sorbo.

Mira, la adenosina es como la voz interna del cuerpo que te dice, "Mira, cariño, llevamos horas funcionando. Quizá convenga bajar un poco el ritmo".

Es una sustancia que aparece naturalmente a lo largo del día. Cuanto más tiempo estás despierta, más adenosina tienes y más te invita al descanso. Es como una amiga sabía que te recuerda que no somos máquinas. Pues bien, la cafeína llega y lo que hace es tapar los receptores donde encaja la adenosina. Es como si pusiera una mano delante de la boca de esa amiga y le dijera, "No hables ahora."

Tu cerebro que ya no escucha esa señal de cansancio, interpreta que puede seguir, que está fenomenal, que queda energía de sobra y tú lo sientes así, te notas más despierta, más rápida mentalmente, más lúcida, pero claro, la adenosina no desaparece, sigue ahí acumulándose silenciosamente.

Y cuando la cafeína se va, cuando se metaboliza, la adenosina se lanza de golpe a todos esos receptores que estuvieron bloqueados durante horas. Y ahí es cuando llega ese bajón que tantas personas sienten, el famoso crash. A mí eso me parece precioso desde la neurociencia. Te enseña que tu cuerpo siempre intenta volver a la verdad.

Aunque tú lo silencies un rato, aunque lo distraigas con cafeína, el cuerpo siempre vuelve y te dice, "Yo necesitaba descanso." Y hablo de esto, no para demonizar el café, porque a mí me encanta. Me gusta su aroma, su ritual, su calidez.

Pero creo que es importante que comprendamos cómo funciona para que no le pidamos al café algo que el café no puede darnos. Energía real. Esa solo te la da el descanso, la alimentación, el movimiento, la respiración.

El café solo juega con las señales. Ahora bien, la cafeína hace muchas más cosas. Y aquí es donde a mí como científica se me ilumina la mente, porque cuando tú tomas cafeína tu cerebro activa sistemas de alerta, aumenta la dopamina, aumenta la noradrenalina, la tensión se agudiza. Es como si tus neuronas dijeran, "Eh, aquí está pasando algo importante, ponte en modo vigilancia." Esto puede ser muy útil si estás trabajando, estudiando o simplemente necesitas claridad.

Pero, ¿sabes qué ocurre cuando mantenemos ese sistema en alerta durante demasiado tiempo? Que nos agotamos. Es como si llevaras a tu cerebro a una velocidad un poquito por encima de la suya natural. Puede aguantar una temporada, pero no puede vivir ahí.

Hay una frase que siempre digo, "toda activación constante tiene un coste". Y la cafeína es una activación constante, aunque nos encante.

Fíjate en algo, mucha gente toma café en ayunas. Yo lo hacía también. ¿Qué pasa ahí? Muy sencillo. Cuando no has comido, tu cortisol, que es la hormona del despertar, está alto por la mañana. Si encima tomas cafeína, el cortisol sube todavía más. Y eso puede ser contraproducente para personas sensibles o con ansiedad porque empiezan a sentir aceleración, taquicardia, esa sensación de que la cabeza piensa más rápido de lo que te gustaría.

Yo siempre digo, "escucha tu cuerpo más que tus hábitos". Cuando la cafeína actúa, dilata algunos vasos sanguíneos y contrae otros. Aumenta la frecuencia cardíaca, aumenta la presión arterial. Tu cuerpo se prepara como si algo relevante estuviera ocurriendo y tú quizá estás solo frente al ordenador, pero fisiológicamente estás en un preparados que toca actuar.

Me gusta contar que cuando yo investigaba el cerebro en estado meditativo, veíamos como la respiración pausada bajaba la activación del sistema simpático ese que nos pone en modo acción. La cafeína, en cambio, hace justo lo contrario. Activa ese sistema. No está mal, no es malo. Solo es importante saber cuándo te viene bien estar activada y cuándo no.

¿Sabes que me fascinó cuando descubrí la neurociencia del sueño? Que la cafeína tiene una vida media de unas 5 a 6 horas. Eso significa que si te tomas un café a las 5 de la tarde, a las 11 de la noche aún tienes café circulando dentro de ti. Y puede que tú creas que duermes bien, que te duermes rápido, pero la neurociencia ha demostrado que la cafeína reduce el sueño profundo, el que realmente repara. Y a la mañana siguiente, claro, te levantas un poquito más cansada y ¿qué haces? tomas café y el ciclo continúa.

Y aquí es donde yo te pregunto, ¿es tu cuerpo el que pide café o es tu hábito el que te lo pide? Porque el cerebro se adapta. Si tú tomas cafeína todos los días, tus neuronas fabrican más receptores de adenosina para compensar ese bloqueo constante. Y cuando un día no tomas café, tienes muchísima adenosina intentando encajar en muchísimos receptores y te sientes agotada. No es que seas perezosa, no es que tengas poca energía, es que tu cerebro se adaptó a una activación artificial y ahora está intentando reajustarse.

Yo siempre invito a mi comunidad a que observe el cuerpo sin juicio, con curiosidad. Te invito a que un día bebas café y te preguntes, ¿qué siento en mi respiración? ¿Cómo late mi corazón? ¿Cómo está mi atención? ¿Estoy más alerta o acelerada? y otro día no lo tomes y observes de nuevo. Esa es la forma más honesta de entender tu relación con la cafeína. Y te digo una cosa preciosa, tu cerebro no te necesita para activarse. Tiene sus propios ritmos de luz, de movimiento, de respiración, de emoción.

La cafeína puede ayudarte, pero tu cerebro tiene una sabiduría interna que es mucho más antigua y fina que cualquier estimulante.

Algo que me emociona siempre es ver cómo cambia la percepción cuando lo entiendes desde dentro. Yo, por ejemplo, dejé de tomar café nada más despertar. Ahora espero, dejo que mi cortisol haga su trabajo, que mi cuerpo se despierte solo y luego si quiero tomo un café y te prometo que el efecto es mucho más suave, más amable, más estable. No siento ese pico artificial, siento un acompañamiento porque ese es el punto, que la cafeína no te arrastre, sino que te acompañe.

Y quiero contarte algo más. El cerebro cuando toma café también cambia la forma en la que recuerda, aumenta la consolidación de ciertos recuerdos y puede mejorar la capacidad de concentración en tareas cortas. Pero también si nos pasamos puede aumentar la ansiedad, la rumiación y ese modo mental en el que la cabeza va demasiado rápido.

Yo siempre digo que la dosis hace la diferencia. Una taza puede ser un aliado. Tres tazas pueden ser un enemigo silencioso. Te lo comparto así con cariño, porque creo que nadie debe decidir por ti cuánta cafeína tomar, ni siquiera una científica. Lo que sí puedo hacer es darte toda la información para que tú te escuches mejor.

Y por último, te doy un dato que a mí me parece clave. La sensibilidad a la cafeína es genética. Hay personas que la metabolizan muy rápido y otras muy lento. Dos personas toman el mismo café y una está tranquila y la otra siente el corazón en la garganta. Eso no es psicológico, es biología, es neuroquímica. Es que tu hígado, tus enzimas, tus receptores funcionan a su propio ritmo.

Así que cuando hables de tu relación con el café, no te compares. Escúchate. Yo siempre digo, el cuerpo habla. El cuerpo avisa, el cuerpo sabe. Si un café te ayuda, perfecto. Si te acelera, escúchalo. No eres débil por no tolerarlo. Eres única. Tu neuroquímica es tuya. Y ojalá que este monólogo te ayude a comprenderte un poquito más, a mirar a tu taza de café con más conciencia, más ternura y más ciencia.

Al final, la neurociencia no es para complicarnos la vida. es para darnos herramientas para vivirla con más verdad. Y recuerda, la verdad del cuerpo es siempre más sabía que el hábito.